Napoleón, Hitler y un secreto de muerte: la increíble historia del cuadro más robado del mundo.
Zaragoza a 13 de enero de 2026
Cuando vuelas con Air Horizont hacia Bélgica, imaginas canales de cuento, chocolate exquisito y arquitectura medieval. Pero quizás no sepas que en el corazón de Flandes, dentro de la Catedral de San Bavón en Gante, se esconde el auténtico «Indiana Jones» del mundo del arte.
Hablamos del Políptico de la Adoración del Cordero Místico, pintado por los hermanos Van Eyck en el siglo XV. A primera vista, es una obra maestra deslumbrante por su realismo y sus colores vivos. Pero lo que lo convierte en una leyenda no es solo su belleza, sino su historial delictivo: es, oficialmente, la obra de arte más robada de la historia.
Ha sido codiciado, troceado y secuestrado al menos siete veces a lo largo de los siglos. Su currículum de «víctima» incluye a los personajes más infames de la historia europea.
El deseo de los emperadores y dictadores
Primero fue Napoleón Bonaparte. Sus tropas desmantelaron el retablo para llevarse los paneles centrales como trofeo de guerra al Louvre de París.
Más de un siglo después, durante la Segunda Guerra Mundial, el cuadro enfrentó su momento más oscuro. Adolf Hitler y Hermann Göring estaban obsesionados con él. Creían que el cuadro contenía un mapa secreto o poderes esotéricos relacionados con el Sacro Imperio Romano. Los nazis lo robaron y lo escondieron en las profundidades de una mina de sal en Altaussee (Austria), junto con miles de otras obras saqueadas. La mina estaba preparada con explosivos para ser destruida si los Aliados se acercaban. Afortunadamente, fue rescatado in extremis por los famosos «Monuments Men» americanos.
El misterio del ladrón moribundo
Pero la anécdota más bizarra, la que todavía trae de cabeza a la policía belga, ocurrió en tiempos de paz.
En 1934, uno de los paneles inferiores, «Los Jueces Justos», desapareció durante la noche. El obispado empezó a recibir cartas de rescate firmadas por un misterioso «D.U.A.», exigiendo un millón de francos belgas.
Meses después, un excéntrico corredor de bolsa local llamado Arsène Goedertier sufrió un ataque al corazón en un mitin político. En su lecho de muerte, llamó a su abogado y le susurró una confesión final que parece sacada de una novela de misterio:
«Yo soy el único que sabe dónde está el panel de los Jueces Justos… y me llevaré el secreto a la tumba».
Y cumplió su promesa. Murió minutos después. La policía encontró en su casa copias de las notas de rescate, pero el panel nunca apareció. A día de hoy, la pieza original sigue perdida y la fiscalía de Gante aún tiene un detective asignado al caso, esperando resolver el enigma que Goedertier se llevó al otro mundo.
Un superviviente que debes visitar
Lo que ves hoy en la catedral es una obra milagrosa. Ha sobrevivido a iconoclastas, incendios, emperadores franceses, nazis y ladrones excéntricos. El panel de los «Jueces Justos» que verás es una copia magistral realizada durante la guerra, un recordatorio permanente del misterio sin resolver.
Cuando viajes a Bélgica con Air Horizont, no dejes de visitar Gante. Estarás frente a una obra maestra, sí, pero también frente al mayor superviviente de la historia del arte.
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